las estructuras del mundo editorial tradicional se han resquebrajado y tanto editores como distribuidores, libreros y bibliotecarios se ven en el aprieto de redefinir sus roles no sin cierta angustia: muchos se han visto anulados o "bypasseados por las nuevas editoriales que prometen nuevas obras a muy bajos precios y una efectiva distribución en el mercado editorial.

Una constatación de Juliana Boersner en Ciberescrituras.

Lulu o Blurb nos ofrecen publicar nuestro manuscrito a bajo costo.
En Dejaboo se reseñan y critican libros, discos y películas.
Juliana sigue contando cómo las redes sociales se engarzan con este mercado transformando sus negocios y profesionales

leo que la editorial norteamericana, Grand Central Publishing, del grupo Hachette , acudió a bloggers y a redes sociales para consultar si debía o no publicar un libro con una grosería en el título. Por otro lado, Harpers and Collins usaron MySpace para promocionar concursos de escritura creativa y se sorprendieron de los resultados.

Iniciativas como Library Thing tienden a fortalecerse en un mercado en el que la recomendación de los
amigos es mucho más creíble o poderosa que la de las propias
editoriales.

Parece lógico que los que quieren leer un libro indiquen si supera el punto de equilibrio para que el que invierte y los que consumimos quedemos contentos. El mundo editorial, como la documentación o el periodismo siguen siendo algo más. Hay obras que deberían estar disponibles en las bibliotecas y en los estantes de las distribuidoras.

No sólo está cambiando la nanoedición o la autoedición. También la edición industrial y la política cultural tienen que ponerse a la altura. No podemos seguir funcionando con los criterios industriales y políticos como si estas otras realidades no existieran.