Dijo Dewey (The public and its problems, 1927) que el público es un grupo más o menos organizado de personas que identifica de modo similar un determinado problema.

Todo el trabajo de Grunig y Hunt (1984) posterior ha sido medir cuánto de conciencia, de manifestación y de implicación había en los no públicos, los públicos latentes, los informados y los activos.

La teoría situacional postula que cuanto más cercanos nos sintamos a un asunto, más información recábaremos. Y entre los buscadores, y no sólo consumidores pasivos de información, es donde Grunig piensa que los relaciones públicas pueden alcanzar efectos más importantes.

No sé si hay que revisar la teoría de las relaciones públicas hoy.
El "forrajeador" internauta no accede a unas limitadas fuentes, a unos canales más o menos controlados en función de la dimensión internacional, industrial, política.

En el fondo el situacionalismo, parece una versión local de la teoría de sistemas con una afan predictivo más bien funcionalista. No se puede negar que lo que nos afecta condiciona nuestras actitudes y nos posiciona en determinada opinión pública. Por contaminaciones concretas y cercanas somos más ecologistas que hace unos años y seguirá creciendo el movimiento verde.
Este resultado a largo plazo, en el recuerdo del que lo sufre, puede compararse como relaciones públicas.

Pero en muchos casos nos podemos estar encontrando con anti-relaciones públicas, con movimientos de opinión adversos que están funcionando de modo parecido a como decían los téoricos funcionalistas de los públicos.

Una exposición clara de las ventajas e inconvenientes de la teoría situacional de los públicos está en Mabel Míguez Gonzalez (2006), Teoría situacional de los públicos: las nuevas aportaciones desde la década de los noventa. Comunicación y Sociedad 19, 2, 133-162.
Ya había hablado de ella en ComuniSfera, sobre otro artículo de la Míguez González en Razon y Palabra,54 que no me parece tan concluyente como el citado más arriba.