El debate sobre los públicos de la organización arrancó desde posiciones poco reformistas (Noa, Alba, Silvia, Romina...) en las que se aconsejaba no experimentar sin atender suficientemente bien a los "conocidos" de las organizaciones. En otros momentos se volvió a enfocar a los cercanos y clientes como públicos prioritarios (Aída Lídice, Iria).

Para el mercado de consumo los medios de comunicación siguen siendo los medios principales y su concepción y delimitación de públicos demarca los que puedan serlo para las organizaciones (Iván)

Las ventajas de la comunicación digital, en Internet, llevaban la voz cantante durante la mayor parte de la hora en la sala de reuniones del consejo que quedó pequeña. Más allá de un complemento es tomada por quienes ven posibilidades replantear las relaciones públicas digitales en la línea que sugerían los enlaces y las lecturas propuestas (Ana, Silvia, Patricia, Zeltia, Rubén y Iago)

La específica comunicación e interacción digital cambia el origen y quizá el motivo de la conversación con organizaciones (Iago, Juan, Ángela, Sara, Silvia). El hecho de que se trate de un público activo, participante, más personal (Patricia, Olalla, Noemí, María) en su trato lo destaca incluso entre los que Grunig podría considerar públicos activos.

En muchos casos puede tratarse de Stakeholders, perfectamente aliniables como activistas, o ciberactivistas de alcance imprevisible y difícilmente controlables (Ángela, Iago).

No se llegó a invertir las categorías, pero al tratarlo como público se está apuntando que quizá sean las organizaciones los públicos de los e-ciudadanos, al menos de los más activos e influyentes. A las organizaciones les toca aprender a escuchar (Rubén).

Esta referencia externa perjudica el perfil o la identidad del blog corporativo que tiene que mantener la credibilidad al mismo tiempo que defiende su posición organizacional (Fran, Iago)